Mostrando entradas con la etiqueta paciencia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta paciencia. Mostrar todas las entradas

- La importancia de comer (y enseñar a comer) sano -

(Nota: las palabras en verde redirigen a información específica, imágenes, etc...)

Para algunos puede resultar obvio, para otros no tanto, para algunos estresante, para otros imposible... Incluso hay quienes lo ven exagerado, y para otros no hay otra manera de que sea.
Lo cierto es que comer sano y balanceado por más que hoy en día sea difícil debido al bombardeo constante de publicidades - que aunque digan que piensan en vos no lo hacen -, es un derecho para uno mismo, una cuestión de amor propio y hasta me atrevería a decir un deber para quienes recorren el camino de acompañar a los recién llegados.

No hace falta citar referencias (o tal vez sí, pero tendría que adjuntar aquí libros y libros que expliquen todo aquello que sucede en el cuerpo humano pero no se ve...) que demuestren que si un alimento no tiene un efecto adverso inmediato no quiere decir que no nos está haciendo mal en realidad... Los organismos somos muy complejos - hasta los más sencillos - y hay millones de reacciones bioquímicas sucediendo en nuestro mundo microscópico interior que por no verlas no quiere decir que no ocurran, que no sean perfectamente comprobables, que no estén relacionadas unas con otras, que miligramos (o menos) de una determinada sustancia no desencadene una reacción adversa o favorable , observable en el mundo macroscópico, pero sí o sí con consecuencias reales - buenas o malas para nuestra salud - en el corto mediano o largo plazo. Incluso no sólo sobre nuestro cuerpo físico o plano mental sino sobre nuestro entorno, nuestra descendencia y generaciones posteriores aún.

También está demostrado... - y ésta será la frase que más use para argumentar una opinión con a su vez la referencia correspondiente, ya que el método científico es hasta el momento el único que tenemos para acercarnos a la verdad, la cual puede ser perfectamente refutada cuando se demuestre lo contrario, con el mismo rigor por supuesto, y es una de las mejores cosas de la ciencia - Sigo, ...que un organismo en desarrollo no sólo requiere determinadas sustancias y en determinadas cantidades sino que además es más susceptible a todo aquello a lo que un adulto ya está adaptado. Sobre todo porque aquellas reacciones bioquímicas no son iguales en todos los organismos incluso de la misma especie, según las edades y otras cuestiones en las que difieren y muchas veces se desconocen.

Si nos basamos en lo último que concluye la Organización Mundial de la Salud, por más que en algunos aspectos dicha institución sea perfectamente cuestionable pero que afortunadamente cuenta con un aparato de investigación importante, es que llevar una dieta saludable ayuda a protegernos de la malnutrición en todas sus formas, así como de las enfermedades no transmisibles, como la diabetes, las cardiopatías, los accidentes cerebrovasculares y el cáncer. ¿Era obvio no?
Y también nos dice que los hábitos alimentarios sanos comienzan en los primeros años de vida, sumado a la lactancia materna la cual favorece el crecimiento sano y mejora el desarrollo cognitivo; y además, puede proporcionar beneficios a largo plazo, como la reducción del riesgo de presentar sobrepeso y obesidad y de sufrir enfermedades no transmisibles en etapas posteriores de la vida... pero la lactancia es otro tema del cual conversaremos en profundidad más adelante.

Por otro lado, es perfectamente entendible que hoy en día parece una utopía cocinar y comer todo casero y saludable... que no hay tiempo - o que no nos lo hacemos para ésto - porque hay un montón de otras cosas más que "hay que hacer", porque es más fácil pedir comida a domicilio que darse cuenta el día anterior de poner las lentejas en remojo, y a veces hasta es una cuestión económica porque parece que fuera más barato comprar un "pepsico snack" que unas bananas chips o todos los ingredientes para elaborarlo, pero creeme que no siempre sucede ésto y además... como dicen por ahí: "lo barato sale caro" (aunque sea a largo plazo...).
Y bueno, "porque es más rico" puede ser el único argumento que capaz me convence, pero a veces desconocemos tantos alimentos, condimentos y/o la combinación de éstos, incluso desconocemos nuestro propio paladar, no animándonos a probar cosas nuevas que no sabemos que tal vez nos pueden fascinar.

Cuando hablamos de los niños parece más difícil aún, sin embargo, aunque con una sóla observación (y otras tantas de oído), puedo decir que no es tan así, que se puede (y se debe) enseñarles a comer sano, que al final es enseñarles a cuidarse y a quererse. No me gusta el concepto de disciplina o adiestramiento para nada, pero para el tema alimenticio es mucho más fácil lograrlo si desde el vamos les presentamos esos alimentos, dándoles la posibilidad de elegir y entendiendo que hay días en que simplemente no tienen ganas de comer algo, lo que no quiere decir que "eso" no les guste y no lo vayan a querer tocar nunca más en la vida... hay que ser un poco perseverante nomás, y como en todo en la crianza desarrollar la paciencia a niveles insospechados.
De ésto último también mejor hablamos más adelante.
Lo que sí puede costar es aquello de "educar con el ejemplo", puede ser confuso para ellos escucharnos decir que no consuman aquello que al parecer "los grandes" sí podemos. O nos escondemos para comer un chocolate antes de su primer cumpleaños o nos aguantamos hasta que se duerman para tomarnos un "refresco sabor cola" y así nos evitamos caer en eso de "haz lo que yo digo pero no lo que yo hago" cuando sabemos bien que incluso a nosotros mismos, adultos, nos cuesta hacer tantas cosas que una y otra vez nos dicen, nos decimos... más aún lo será en esos pequeños novatos de la vida, de los cuales somos referencia inmediata y acompañantes constantes en su descubrimiento e intento de entendimiento de éste complejo mundo y sus habitantes.
Por ésto mismo a su vez, es que luego de determinada edad, habrán ocasiones especiales en las que quizás los dejaremos probar alguna que otra cosita "redulce-frita-coloreada-concafeína-adictiva-y/o-resalada" con la certeza de que no es lo de todos los días, no es el ejemplo habitual, por lo que no lo entenderá como hábito así como su pequeño cuerpo en desarrollo tampoco lo asimilirá de la misma manera.

Y si con todo ésto no te convencí, quizás éstas fotos te puedan ayudar...

Calabaza, ricotta y felicidad

Sin rodeos

Con las manos en la masa
(Buñuelos de lechuga recién cosechada)

Festín de fin de año

Tranqui, granoleando...

"El niño que comía Hummus"

"Soy feliz" ...comiendo helado!

El ladrón de brócoli

¡Muchas gracias por leer y bienvenid@ a mi blog! 


Referencias:
https://es.wikipedia.org/wiki/Malnutrici%C3%B3n
http://www.who.int/mediacentre/factsheets/fs394/es/
http://www.serpadres.es/1-2-anos/salud-enfermedades/articulo/la-alimentacion-del-nino-de-1-a-3-anos-consejos-para-padres

La paciencia

Si hay algo en lo que tuve que trabajar (entre tantas otras cosas) cuando me hice madre, y sigo trabajando, fue en la paciencia.
Paciencia conmigo misma. Paciencia con el padre de la criatura. Paciencia con el entorno.
Y por último paciencia con mi hijo. Sí, en ese orden, decreciente en cantidad. No en prioridad.

Paciencia a mis cambios de humor, desde el embarazo, desde incluso la concepción, o antes... paciencia en "esos" días, a partir de los cuales una mujer puede empezar a vivir con la posibilidad de ser madre. Auto-paciencia. Tratando en tantos momentos de aguantarme, de esperar a que se me pase, de aceptarme y esperarme.
Paciencia a mis incongruencias, paciencia incluso a mi falta de paciencia.

Paciencia con quien comparto la vida, día a día, noche a noche... para evitar roces, para evadir conflictos (o por lo menos algunos, los innecesarios), para tomar decisiones, para ponerse de acuerdo. Paciente y tolerante, que hay otro que es diferente, que tiene otras necesidades, otros puntos de vista. Paciencia que hay mucho en común pero también de lo otro.
Siempre y cuando dentro de lo tolerable claro, y construyendo desde el amor, en pareja aprendemos cada día (o deberíamos!) a esperar al otro, a entender sus razones, a aceptarlas, a veces (y capaz que sólo a veces) a ser pacientes frente a lo que el otro hace que simplemente es diferente a como lo hacemos nosotros.
Paciencia mutua, obvio. Y acá sí que mejor no cuantifico.

Paciencia frente al mundo, con el afuera, con quienes "por tu bien" te aconsejan, te exponen sus experiencias cual verdades absolutas. O no. O te dicen como debes ser o hacer algo, con nula observación, por simple tradición, con cero consciencia. Y allí está uno, tratando de no salirse de sus cabales y de la manera más amable posible, decirle: Gracias, pero no.
Aunque a veces no es tan fácil, y ahí volvemos al punto de partida para tenernos paciencia a nosotros mismos, a veces incluso mejor dicho para que ellos la tengan con nosotros.

Y finalmente - aunque en primer lugar siempre - está ese ser, ese pequeño gran ser. Ser humano, igual que uno (al que seguramente alguien le tuvo mucha paciencia). Ser humano en construcción se podría decir. Un pequeñito que ayudo, y me ayuda a crecer, aunque en otro sentido.
Con el cual en repetidas ocasiones he tenido que tener mucha paciencia. Y no voy a mentir, mucha pero mucha. He querido tenerla.
Pero por qué? Por qué no elegir el camino rápido y fácil? Por qué no seguir un par de consejos y listo?
Porque no. Porque no entiendo otra manera de criar, que no sea con paciencia.
Con amor. Con respeto. Y con mucha paciencia. Que al final también es amor, también es respeto.
Paciencia en sus procesos; emocionales y fisiológicos, paciencia en la adquisición de su personalidad, paciencia en el establecimiento de ciertas normas o límites, necesarios no inventados por una sociedad que suele no tenerle paciencia a los niños, paciencia al explicarle la verdad de tantas cosas, y la verdad acerca de por qué no queremos que hagan determinadas cosas, que no son muchas pero que todas implican un respeto a su integridad y a la de los demás, así como algunas normas sociales que bueno, tenemos que doblegar... Y paciencia al comunicarle todas esas cosas.
Sobre todo por las veces, sobre todo por el modo.
Sin duda se precisa mucha paciencia, y confianza, en la naturaleza que no es tan poco sabia y en ellos mismos que muchas veces nos sorprenden más de lo que pensamos. Con su ternura, su sencillez y humildad, con su lealtad y pureza.
Si después de todo tenemos paciencia con tantas personas - nuestros amigos, nuestros padres, nuestros jefes, nuestros colegas, nuestros vecinos - por qué no vamos a tener paciencia con lo más sagrado?
Porque además y es bastante sensato admitirlo, también nuestros hijos, tienen a diario mucha paciencia con nosotros. Más de la que percibimos.
Porque ellos también están tratando de entendernos y entender el mundo al que los trajimos, bastante confuso por cierto. Bastante impaciente digamos.



“Las personas mayores nunca son capaces de comprender las cosas por sí mismas, y es muy aburrido para los niños tener que darles una y otra vez explicaciones.”
El Principito - Antoine de Saint-Exupéry