Mostrando entradas con la etiqueta crianza. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta crianza. Mostrar todas las entradas

El miedo

Si no tuvieras miedo, ¿qué harías?

El tan temido. Porque a veces es peor el miedo al miedo, que éste en sí mismo.
Y no estaría mal sentirlo, de hecho es lo que de alguna manera nos mantiene vivos. Y nos ha mantenido durante siglos.
Evolutivamente una batería de sustancias nos han ayudado en ésto. Pero el problema aparece cuando se nos va de las manos, se expande su justa medida, su función se distorsiona. Debido a múltiples factores físicos y de los otros, situaciones particulares, como por ejemplo y obviamente: la maternidad.
Es muy difícil escribir sobre algo que todavía trabajo, pero haré el esfuerzo... y sin miedo.
Existen infinitos miedos, que derivan de uno sólo y que tienen que ver con la integridad de nuestros retoños. Que a medida que pasan los años van disminuyendo... a medida que aprendemos sobre todo a confiar en nuestras capacidades y en ellos mismos. Son miedos que incluso pasan desapercibidos, que están ahí latentes y que cuando somos padres, aparecen.
También hay miedos nuevos, esos que no sabíamos que alguna vez seríamos capaces de tener, cosas que nunca pensamos que podríamos temer. En mi caso cuando me enteré que esperábamos a Salvador, mi cabeza hizo un clic y todos los miedos que solía tener desaparecieron, o los hice desaparecer. Mi cabeza de alguna manera los suprimió o reprimió... y fue peor entonces cuando el niño llegó. Afloraron todos de una. Sumado a la situación puerpérica en cuestión.
Incluso no fue fácil su organización. Sí, porque uno de alguna manera organiza sus miedos, no?
No tenemos miedo a todo en todo momento. Se supone que estamos "diseñados" para sacar el miedo en el momento justo. Pero la cosa no es tan fácil como seguir un protocolo y la mente humana ya sabemos que, bueno, sabemos muy poco en realidad.
Después están los miedos que tienen que ver con uno, que siempre los tuviste y ahora se acrecientan dado que otro ser humano depende de vos, o los nuevos que aparecen por esta misma ultima razón.
Miedos racionales, que decís este miedo esta bueno tenerlo mientras dure el potencial peligro por ejemplo, miedos irracionales que su razón de ser es tan compleja, que bueno, los clasificamos así.
Y de éstos mismos tenemos miedos que van y vienen, o miedos que se estancan y es muy difícil sacarlos. Incluso después te queda el miedo al miedo, miedo a volver a vivir ese miedo que tanto te paraliza o que al menos te incomoda en determinados momentos.
Que hacemos cuando se nos descontrolan los miedos? Y... una opción puede ser hacer alguna terapia, la que quieras, convencional o alternativa, orgánica u holística. Indagar o meter mano en la cuestión de alguna manera va a ayudar. O al menos es lo que en principio empezó a dar resultado por aquí.
Quedarse en el miedo, no evitarlo, pensarlo, decodificarlo.
Tratar de entender a qué viene, por qué viene, para qué viene, de dónde viene... si lo tapas corres el riesgo de que en alguna situación salga a flote, y quizás no de la mejor manera, como todo lo que se acumula y después es más difícil de sanar.

Stefanie.




La paciencia

Si hay algo en lo que tuve que trabajar (entre tantas otras cosas) cuando me hice madre, y sigo trabajando, fue en la paciencia.
Paciencia conmigo misma. Paciencia con el padre de la criatura. Paciencia con el entorno.
Y por último paciencia con mi hijo. Sí, en ese orden, decreciente en cantidad. No en prioridad.

Paciencia a mis cambios de humor, desde el embarazo, desde incluso la concepción, o antes... paciencia en "esos" días, a partir de los cuales una mujer puede empezar a vivir con la posibilidad de ser madre. Auto-paciencia. Tratando en tantos momentos de aguantarme, de esperar a que se me pase, de aceptarme y esperarme.
Paciencia a mis incongruencias, paciencia incluso a mi falta de paciencia.

Paciencia con quien comparto la vida, día a día, noche a noche... para evitar roces, para evadir conflictos (o por lo menos algunos, los innecesarios), para tomar decisiones, para ponerse de acuerdo. Paciente y tolerante, que hay otro que es diferente, que tiene otras necesidades, otros puntos de vista. Paciencia que hay mucho en común pero también de lo otro.
Siempre y cuando dentro de lo tolerable claro, y construyendo desde el amor, en pareja aprendemos cada día (o deberíamos!) a esperar al otro, a entender sus razones, a aceptarlas, a veces (y capaz que sólo a veces) a ser pacientes frente a lo que el otro hace que simplemente es diferente a como lo hacemos nosotros.
Paciencia mutua, obvio. Y acá sí que mejor no cuantifico.

Paciencia frente al mundo, con el afuera, con quienes "por tu bien" te aconsejan, te exponen sus experiencias cual verdades absolutas. O no. O te dicen como debes ser o hacer algo, con nula observación, por simple tradición, con cero consciencia. Y allí está uno, tratando de no salirse de sus cabales y de la manera más amable posible, decirle: Gracias, pero no.
Aunque a veces no es tan fácil, y ahí volvemos al punto de partida para tenernos paciencia a nosotros mismos, a veces incluso mejor dicho para que ellos la tengan con nosotros.

Y finalmente - aunque en primer lugar siempre - está ese ser, ese pequeño gran ser. Ser humano, igual que uno (al que seguramente alguien le tuvo mucha paciencia). Ser humano en construcción se podría decir. Un pequeñito que ayudo, y me ayuda a crecer, aunque en otro sentido.
Con el cual en repetidas ocasiones he tenido que tener mucha paciencia. Y no voy a mentir, mucha pero mucha. He querido tenerla.
Pero por qué? Por qué no elegir el camino rápido y fácil? Por qué no seguir un par de consejos y listo?
Porque no. Porque no entiendo otra manera de criar, que no sea con paciencia.
Con amor. Con respeto. Y con mucha paciencia. Que al final también es amor, también es respeto.
Paciencia en sus procesos; emocionales y fisiológicos, paciencia en la adquisición de su personalidad, paciencia en el establecimiento de ciertas normas o límites, necesarios no inventados por una sociedad que suele no tenerle paciencia a los niños, paciencia al explicarle la verdad de tantas cosas, y la verdad acerca de por qué no queremos que hagan determinadas cosas, que no son muchas pero que todas implican un respeto a su integridad y a la de los demás, así como algunas normas sociales que bueno, tenemos que doblegar... Y paciencia al comunicarle todas esas cosas.
Sobre todo por las veces, sobre todo por el modo.
Sin duda se precisa mucha paciencia, y confianza, en la naturaleza que no es tan poco sabia y en ellos mismos que muchas veces nos sorprenden más de lo que pensamos. Con su ternura, su sencillez y humildad, con su lealtad y pureza.
Si después de todo tenemos paciencia con tantas personas - nuestros amigos, nuestros padres, nuestros jefes, nuestros colegas, nuestros vecinos - por qué no vamos a tener paciencia con lo más sagrado?
Porque además y es bastante sensato admitirlo, también nuestros hijos, tienen a diario mucha paciencia con nosotros. Más de la que percibimos.
Porque ellos también están tratando de entendernos y entender el mundo al que los trajimos, bastante confuso por cierto. Bastante impaciente digamos.



“Las personas mayores nunca son capaces de comprender las cosas por sí mismas, y es muy aburrido para los niños tener que darles una y otra vez explicaciones.”
El Principito - Antoine de Saint-Exupéry

La culpa

Inauguro éste espacio, medio terapéutico - medio informativo, con un temón... léase con moderación, abiertos mente y corazón, opinen si gustan. ¡Bienvenid@s!

Se habrán escrito cientos de artículos sobre éste tema, este gran tema, este y la maternidad.
Y de su relación. He leído algunos, unos desde adentro otros desde afuera, pero hoy no vengo a traer los porqués, las razones, los orígenes, sino simplemente a hablar de ésto. Bueno, a escribir.
Tratando de no entrar en detalles, pero haciendome entender, generando empatía, como si realmente cualquier lector pudiera sentirlo. Aunque cómo todo y sé que suena bastante cliché "hay que vivirlo". Si sos madre seguro lo viviste, lo vivís, por mínimo que sea, por más segura que seas. Algunas somos un poco más exageradas, otras lo disimulan muy bien, algunas se convencen y otras se intentan convencer.
La culpa está ahí y aunque no sea toda nuestra, nos la apropiamos más que cualquier otra cosa.
Culpa. Por no dar lo suficiente, por dar demasiado, por estar muy presente, por no estar lo necesario, hasta por estar y no estar al mismo tiempo.
Por querer ser mejor y no auténtica, por ser auténtica y no mejor.
Por descuidar. Por cuidar. Por no saber bien la diferencia.
Por hacer las cosas "bien" y por también hacerlas "mal".
Por hacer caso a lo que te dicen. Por no seguir ni un consejo. 
Por querer que: se duerman, coman, jueguen solos, hagan "caso", dejen la teta, los pañales, nuestra cama. Y culpa porque: no se duermen, no comen, no pueden jugar solos, no hacen o hacen demasiado caso, necesitan la teta, los pañales y el calor de nuestra cama.
Porque todo es nuestra culpa. Y también culpa por esto mismo, por sentir culpa.
Culpa porque a veces no sentimos culpa.
Y ni entremos en detalles. Culpa desde el vamos, por buscarlo o no buscarlo.
Por parirlo por adelantado.
Por no dar la teta. Por dar "demasiado".
Por mandarlo a su cuarto. Por colecharlo.
Por usar cochecito y no haberlo porteado. Por haberlo mal-porteado.
Por no darle caramelos. Por darle para chantajearlo. Por hacerlo vegetariano.
Por haber caído con el payaso.
Y culpa por lo que podría pasar. Culpa por las dudas. Porque seguro será (en parte) nuestra culpa.
No puedo evitar detenerme a pensar, motivos evolutivos conservados, memorias inconscientes, traumas familiares, vidas anteriores, religiones, tradiciones o la propia crianza.
Y otra vez culpa, por criar en la culpa.
Aunque dicen que ya el hacernos conscientes ayuda. Eso espero.
Al final ser madre era mucho más complicado de lo que pensaba, porque encima de todo lo tangible, lo orgánico, lo visible. Está todo esto que no se ve, que no se sabe, que debe indagarse, cuestionarse, concientizarse.
Aun así no lo cambio por nada, ni por las grandes o mínimas culpas, porque más allá de que un día conocemos a la personita más increíble y todo lo que eso implica... es la oportunidad para el más grande viaje de auto-conocimiento que puedas hacer jamás, y eso seguro tiene que ser muy bueno.
No sólo para uno, ni para dos sino para el mundo.